Por qué repetimos nuestros errores?

J. D. Nasio, reconocido psicoanalista, decía que el inconciente es la repetición. Es la fuerza que nos impulsa a elegir un hombre o una mujer para compartir la vida, elegir la profesión que ejercemos, una casa, una ciudad para vivir, etc. Pero el inconciente es también la fuerza que nos impulsa a repetir. Podemos encontrarnos con repeticiones sanas, activas, como es la repetición del apego amoroso y separación vividos en la primera infancia, teniendo que ver con lo que Freud llamo Pulsión de vida, o puede ser una repetición compulsiva de fracasos, traumatismos y conductas disruptivas. En este último caso, la repetición adquiere un tinte patológico y está asociada a la pulsión de muerte.

Ahora bien, la repetición es una secuencia de, por lo menos, dos ocurrencias en la que un objeto aparece, desaparece y reaparece, cada vez ligeramente diferente aunque reconocible como el mismo objeto.  La repetición es repetición de lo Mismo pero NUNCA idéntica a ella misma, siempre algo modificada cada vez que resurge.

La repetición es inmanente a la vida. Hay un filósofo, Spinoza, que lo explica claramente. En su libro “Ética” propone: “la vida es la fuerza que hace perseverar las cosas en su ser”. Es decir, me repito, y al repetirme conservo mi pasado porque cada vez que me reencuentro con él, me apropio más de él, mejoro porque con cada repetición, instruida por la experiencia, acreciento mis conocimientos y consolido mi identidad.

Existen dos modos de resurgimiento del pasado en el presente: en los actos sanos y en los actos patológicos.

El primer retorno del pasado, conciente, es el caso del recuerdo que reproduce una experiencia de otra época. Con mayor frecuencia, los recuerdos son imágenes visuales, pero también pueden ser impresiones sonoras, táctiles, olfativas e incluso gustativas. Ese retorno del pasado a la conciencia es llamada, rememoración. ¿Nuestro pasado real es el que efectivamente ya hemos vivido? Ciertamente no. La memoria siempre es caprichosa e infiel. El pasado que nos vuelve a la conciencia es el reflejo de una realidad perdida para siempre, que la captamos deformada a través del filtro de nuestra percepción actual. Cuando pensamos por ejemplo, en la casa de nuestra infancia, nos la imaginamos inmensa y si volvemos a visitarla, nos decepciona encontrarla tan pequeña. Así, el presente opera como una lente deformante del pasado. Todo recuerdo  es resultado de la reinterpretación subjetiva de una realidad antigua y su evocación nunca es fiel.

En el caso de las repeticiones patológicas, el pasado retorna, no como recuerdo sino como vivencia, de un comportamiento o decisión crucial que el sujeto toma sin saber que  lo que lo conduce a tomar esa decisión o realizar tal acto es su pasado que busca repetirse. De modo tal que evocamos nuestro pasado, ya no en un recuerdo conciente sino en los actos esenciales de nuestra vida. Actos que en el momento consideramos deliberados o fortuitos, pero en realidad es un pasado reapareciendo.

Decimos entonces que la repetición sana o rememoración  es el retorno a la conciencia de un pasado olvidado, retorno en nuestros comportamientos sanos de un pasado intenso y reprimido, y la repetición patológica como retorno compulsivo en síntomas  de un pasado traumático, y reprimido.

La repetición patológica es una sucesión de al menos tres ocurrencias: una emoción traumática vivida, violenta y reprimida, aparece, desaparece y reaparece adquiriendo la forma de una manifestación psicopatológica cuyos paradigmas son el síntoma y el pasaje al acto. De que naturaleza es esta emoción infantil que se precipita en el presente y hace sufrir?  Es una emoción aguda y violenta vivida durante la infancia o pubertad, durante un episodio traumático a medias real, a medias imaginario, de carácter sexual, agresivo o triste, en el cual el sujeto se sintió en el centro del acontecimiento, ya sea como víctima, como agente o testigo.

Como conclusión, la repetición puede procurarnos placer o hacernos sufrir.  La repetición es sana cuando es manejable y es patológica cuando es compulsiva e inmanejable. La irrupción súbita y compulsiva de lo reprimido nos hace sufrir (síntomas), pero también es una descarga de tensión que nos calma. Es a la vez un sufrimiento para el yo conciente y un alivio para el ello inconciente. Esta contradicción desaparece con el concepto de goce de Lacan, porque el goce es tanto placer como dolor.

Por qué repetimos siempre los mismos errores?

Lo dice Freud en un pasaje donde expresa los principios mayores del psicoanálisis: la persona que no conoce el origen de su sufrimiento está condenada a verlo repetirse. E inversamente: conocer el origen del propio sufrimiento es el único remedio para frenar su repetición.

 

Fuente:

“¿Por qué repetimos siempre los mismos errores?” – Juan David Nasio

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