Elegí una ventana y descubrí cómo te vinculás

Lic. Gabriela Rivera · Psicóloga

Elegí una ventana y descubrí cómo te vinculás

Cada ventana muestra una forma de abrirse a los otros. Buscá el número de la que elegiste y leé lo que abre.

Cuatro ventanas: 1, abierta sin cortinas; 2, con cortinas abiertas y atadas; 3, con rejas y una cortina; 4, con postigos cerrados. 1 2 3 4

Antes de leer: si dudaste entre dos ventanas, leé las dos. La duda también dice algo.

Ventana 1

Te das rápido para que te quieran antes de conocerte

A la segunda charla ya contaste tu historia. Te entregás, te entusiasmás, ponés todo. Y después, a solas, aparece esa sensación de haberte expuesto de más.

Quizás darte tan rápido sea una forma de apurar el cariño: que el otro te quiera antes de tener tiempo de decepcionarse. Y entre tanto contar, hay algo que nunca contás.

¿Qué parte de vos no le mostraste nunca a nadie, aunque parezca que mostrás todo?

Ventana 2

Te enojás poco con los demás y mucho con vos

Decís «no pasa nada» cuando sí pasa. Te acomodás a los planes, a los tiempos y a los humores de los otros. Todos te describen como alguien fácil de querer.

Pero el enojo que no le dirigís a nadie no desaparece: vuelve hacia vos. Aparece como cansancio, como culpa, como esa exigencia que no te deja en paz.

¿Con quién estás enojada y todavía no te lo permitiste?

Ventana 3

Cuando alguien se acerca de verdad, algo en vos lo aleja

Deseás un vínculo profundo y te duele no tenerlo. Pero cuando alguien empieza a acercarse, de golpe le encontrás defectos: te aburre, te molesta algo, sentís que no es para vos.

Quizás no sea que nadie esté a tu altura. Quizás, justo cuando alguien está por alcanzarte, algo en vos se encarga de que no pase.

¿Y si esos defectos aparecieran siempre en el mismo momento: cuando el otro se acerca demasiado?

Ventana 4

Nadie cuida a quien parece no necesitarlo

Sos la que escucha, la que resuelve, la que está. Cuando te preguntan cómo estás, decís «bien» y cambiás de tema. Pedir ayuda te cuesta más que darla.

Ser la fuerte te da un lugar seguro: el de no necesitar a nadie. Pero ese lugar tiene un precio: te deja sola, porque los demás aprendieron que con vos no hace falta preguntar.

¿Quién te enseñó que necesitar a otro era peligroso?

Lo que leíste no es una respuesta

Es una pregunta que quizás venías esquivando. Y esas preguntas no se responden leyendo: se responden hablando. Si te gustaría profundizar un poco más, agendá una sesión online de 30 minutos: miramos juntas tu ventana, de dónde viene y qué se repite en tus vínculos.

Quiero mirar mi ventana

WhatsApp: +54 9 221 350 0454

Este test es una invitación a pensarte, no un diagnóstico.

Lic. Gabriela Rivera · Psicóloga @psigabriela.r.rivera · gabrielarociorivera.com.ar
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