Bajones emocionales: Saber-hacer con el dolor

Bajones emocionales: Saber-hacer con el dolor

Podría organizar este articulo en “Definición, síntomas, causas, gestión” pero está repleto en la web de esa clase de artículos. El dolor es tan subjetivo que la cosa termina pasando más por el saber-hacer con lo que nos sucede que con definiciones y teorías. Así que no te vas a encontrar aquí con ese tipo de información explicativa porque hoy elijo no escribir de esa manera. Quisiera escribir desde otro lugar, mas experiencial, humano, y ahora mismo (para mi) necesario.

Yo llamo bajón emocional a una disminución de energía tal como cuando la batería de tu celular disminuye más rápido de lo habitual y no entendes bien por qué si no tenes aplicaciones abiertas en segundo plano. Así tal cual siento, desde mi experiencia, un bajón emocional.

Obviamente que, así como en el celular aunque no estén abiertas las aplicaciones en segundo plano, sí hay distintos procesos funcionando aunque no los veamos, tampoco las personas somos constantemente concientes de lo que nos angustia o enoja y eso igualmente está latente en nuestra mente causando efectos.

¿Te pasó alguna vez?

Perdes el interés por casi todo y se genera una atracción fatal con tu cama. Al mismo tiempo, podes llegar a sentirte culpable por no estar en la misma ola de “productividad” en la que se sumerge la mayoría de la gente. Elegí escribirlo entre comillas porque por lo general, es muy común escuchar cómo se confunde la productividad con la actividad. No siempre que hacemos algo estamos produciendo o haciendo algo útil. Sin embargo, muchas veces para estar ocupados y que nada nos afecte, nos hacemos los productivos, creyendo que también así resultamos interesantes.  En realidad, solo nos estamos escondiendo atrás de esa máscara para evitar la vida y el dolor. Pero ese tema puede ser aún más largo y más complejo, por lo que vamos a dejarlo para otra ocasión.

Parte de los bajones emocionales es dejar salir un rato el enojo o la frustración que muchas veces guardamos pensando que nadie se dará cuenta que la cargamos. Es que también pasa que cuando acumulas cosas en un cajón, un poco todos los días, llega un momento que el cajón te muestra que no cabe ya más nada. Lo mismo pasa con nuestra mente. Explotamos porque no hay más lugar para seguir acumulando dolor, no aguantamos más, y eso que nos pasa necesita expresarse.

Ahora bien, ¿qué se hace con el bajón? ¿Lo permitimos, lo canalizamos, lo ponemos en palabras, lo negamos o lo dejamos para otro momento?

El cómo se gestiona un bajón emocional tiene que ver con los recursos que tenga cada uno y sobre todo con una decisión. Ese “cómo” es el que habla particularmente de nosotros mismos.

 Si tengo un bajón emocional, perdí el interés, siento apatía, no le encuentro sentido a nada y lo único que quiero hacer es irme a dormir, además de saber que probablemente padezca de depresión y necesito pedir ayuda, también puedo decidir.

 ¿Cancelo todo lo que me “exigía” el día y efectivamente me voy a dormir, o aun con mi bajón a cuestas, sigo con mi día y “voy viendo” que hago con mi bajón emocional? ¿Me compro un chocolate para llenar el vacío emocional con la comida? ¿Hago algo que me dé placer (transitorio)? ¿Canalizo mi bajón mediante la escritura (sublimo)? ¿Planifico vacaciones (proyecto)? ¿Recuerdo un momento (o varios) donde fui feliz? ¿O pido ayuda profesional y hablo de lo que me pasa para tratar de analizar por qué se producen mis bajones y qué lo está causando? Nadie mas que uno mismo puede saber qué le funciona, ¿no?

Conozco a algunas personas que tomaron algunas de estas decisiones, pero conozco a una muy particular que, en lugar de hacerse cargo de su propio dolor, se hacia cargo del dolor de otra persona. Eso la llevaba a tener muchas actividades durante el día y así lo evitaba. Así pasaron años y hoy en día, cuando siente este bajón emocional no puede identificar por qué, de repente, se siente así, y se vuelca entonces al trabajo y al hacer. ¿La causa? El dolor de una ausencia aun muy presente e irreversible. ¿La solución que le encuentra? La terapia y la sublimación.   

 ¿Vos también te sentiste así alguna vez? ¿Cómo lo resolviste?

Lic. Gabriela Rivera

Psicóloga -MP 55302-

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