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Alianzas con la Soledad

La soledad tiene mala prensa, aprendimos a asociarla a lo negativo y es un concepto alrededor del cual hay demasiados mitos. Estamos educados para pensar que lo ideal y lo esperable, es la compañía. Y en lo posible para toda la vida. Es que la soledad, tiene luces y sombras, los miedos tocan timbre y se acomodan, las paredes se envuelven en el silencio y solo se escucha el eco de tu angustia.

A veces uno se reta a duelo con la soledad. Hacemos planes abrazados a su cintura como consuelo y estrago. Ella madruga y se levanta antes que nosotros para acomodar los recuerdos al borde la cama y así, hacerse un picnic con nuestras lágrimas flacas. Nos desafia a buscar motivos que nos hagan creer que aun tenemos vida. Los días se hacen más largos, las horas parecen no tener principio ni fin.

Pero la soledad no es lo mismo que estar o sentirse solo. Sentirse solo es sentirse desolado.

La desolación viene en un combo. Nos sentimos también desprotegidos. A la intemperie. Indefensos. Empezamos a creer en el más trágico de los acontecimientos y sentimos que no tenemos brazos a los que correr. Hombros en los que llorar. Y como este sentir atenta contra nuestra seguridad y por ende, con nuestro equilibrio, nos aferramos a aquel o a aquella cosa que pueda darnos un atisbo de esperanza para calmar el dolor. Pero no.

Solo invitándole un café a la soledad, sanas en la desolación.

La soledad es ese espacio donde pueden pasarnos muchas cosas que nos sientan a pensar. Que nos interrogan. Que nos invitan a reflexionar y nos enseña a amarnos un poco más. Es en realidad un reencuentro.  Nos pone de frente con las preguntas “Por qué, para qué, hacia dónde, cómo y cuándo” que a veces, no nos tomamos el tiempo de responder.

Estar solo es saludable e incluso necesario para reencontrarse uno mismo en un espacio y tiempo determinado. Descubrirse habitados por un mundo donde no caben las imposiciones externas, donde no te importa ya el que dirán. Donde la mirada del otro no te frena. Donde sos vos, sin la influencia de nadie más. Un espacio donde te conoces más que nunca y más que nadie. El mejor espejo donde te podes reflejar. No es fácil ni sencillo cambiar de perspectiva, pero siempre, es mejor intentar.

Gabriela R. Rivera

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