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Iniciar un proceso terapeútico

 

Dar el primer paso es difícil y requiere la toma de una decisión. A veces es necesario que pase algo puntual y otras veces es algo que pensamos y postergamos. Por lo general, decidimos iniciar un proceso terapeutico cuando nos encontramos en una situación de crisis personal, situaciones en que nos sentimos perdidos, desubicados, desorientados, sin saber que nos pasa y sin saber a dónde vamos ni qué es lo que realmente queremos. Nos lo podemos empezar a plantear cuando sucede algo en la realidad que nos sobrepasa o nos confunde.

Algunas personas se animan, llaman y acceden a la consulta, otras llaman y ante la respuesta del terapeuta sienten miedo y no acceden, otros se quedan en la idea y no llaman. Quizas tienen el deseo pero se ven imposibilitados para la puesta en acto de esa idea.

Cuando por fin llegan al consultorio se van dando algunos factores que son inevitables, toda situación desconocida genera ansiedad, como por ejemplo el estar frente a alguien desconocido al que le contarán sus cosas mas intimas, esas que tal vez no le han contado ni siquiera a la persona mas cercana de su circulo. Empieza entonces un proceso, que dista mucho de ser lineal, van a algunas sesiones pero pasadas unas semanas desisten. Las razones que dan son muchas, económicas, de tiempo, o simplemente que ya se sienten mejor y no necesitan ir a terapia.

Iniciar un proceso psicoterapéutico es iniciar un viaje hacia dentro para verse, sentirse, conocerse y transformarse desde los lugares más superficiales hasta los más recónditos. En principio, un viaje supone recorrer un espacio, un tiempo y un relato manifiesto a la vez que laberintos de épocas, paisajes y emociones latentes. Pensado así, el sentido de la experiencia analítica, reside en permitirse vivir su aventura en el tiempo, en la historia, que no solo es la historia de lo que ha acontecido, sino de las potencialidades latentes no concretadas. La historia de los deseos incumplidos que también contribuye a la historia de quienes somos.

El terapeuta acompaña para que poco a poco se amplíe la conciencia sobre lo que le pasa al paciente, qué siente, cómo lo siente, cómo lo manifiesta, por qué le pasa eso, por qué lo siente así, qué se plantea hacer con aquello, qué decide, cómo, qué quiere hacer con aquello que le pasa, qué dificultades tiene para llevarlo a cabo, de qué capacidades dispone.

Aparecen cosas que no sabíamos ni esperábamos. Sentimientos que estaban ahí, anhelando ser vistos y escuchados. Hechos que conocíamos pero de los que no habíamos tomado conciencia.

Aparece de todo en otros y en nosotros. Descubrimos que hay dentro nuestro más amor y más odio del que pensábamos. Y eso, lejos de ser un problema es el principio de la luz. Se trata de tolerar, y luego aceptar y abrazar la verdad de quienes somos y de quién es el otro.
La salud mental supone construir un puente y nunca levantar muros ni siquiera de protección. Se trata de contar con respuestas creativas ante diversas situaciones y no de utilizar una única modalidad rígida de enfrentar la realidad.
Se trata de acomodar las cargas en el lugar menos conflictivo y doloroso, donde menos daño nos hagan y donde más energía disponible nos dejen para desplegar las propias potencialidades y disfrutar lo máximo posible de los vínculos y de la propia vida elegida.

El proceso terapéutico es un camino desafiante que el paciente recorrerá junto al profesional contando con el acompañamiento, la contención, el apoyo y las herramientas para poder atravesarlo.

Es un camino que es necesario recorrer. Muchas veces rondan variedad de prejuicios en torno a una terapia psicológica, algunos de ellos tienen que ver con asociar la terapia a la locura. Sin embargo, acudir a terapia no es estar loco ni estar enfermo, es animarse a pedir ayuda para poder aprender a sortear las dificultades que nuestra complejidad como seres humanos nos declara. Tenemos muchas contradicciones, deseamos cosas que no sabemos que las deseamos, somos ignorantes de una buena parte de nuestra mente. Tomar entre las manos nuestra complejidad supone valor y esfuerzo, pero es la única manera de ser libres, de aceptarnos y perdonarnos. Esa es la promesa de cualquier proceso terapéutico llevado por un profesional y un paciente responsables que toman la tarea terapéutica como lo que es: un camino de crecimiento personal.

 

Gabriela R. Rivera

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